La mente invariable

Por : Alejandro Sánchez - 26/09/2011 - En : TDC 
 

 

Buenas noches, queridos amigos y radioyentes de La Otra Mirada. Esta noche no hablaremos de historia ni de personajes históricos; si os parece bien, hablemos un poco de la vida y de sus cosas. También yo soy un ser humano, como uno de tantos, y esta noche, si me lo permitís, quisiera compartir un trocito de mi corazón con todos vosotros.

 Veréis. Todos hemos vivido acontecimientos y situaciones que nos han hecho sufrir, o bien hemos atravesado momentos en los que nos hemos planteado muchas cosas. Como aquella reciente reunión del pasado mes de Agosto. En aquella reunión observé el mismo panorama de siempre. Era muy difícil que hubiera entendimiento. Además, el tiempo ya había separado los ánimos y los afectos, algo así como la deriva de los continentes, que hizo que se alejasen unos de otros sin remedio, de suerte que todo intento de aproximación entre ellos era, francamente, imposible.

 
 

Llegué a casa con mi espíritu quebrantado y con el corazón hecho jirones; lo cual se explica por la condición de familiares directos de muchos de los intervinientes. Pero también con mi conciencia enormemente tranquila.

Tras ello, tomé la decisión de desconectar de todo durante dos o tres días. Pensar. Meditar. Y así lo hice, revisando mi propio sistema: siempre he huido de los fundamentalismos o extremismos, políticos, religiosos o de cualquier otro tipo. No ceso de dar gracias a Seneca y Cervantes (que en mi adolescencia, y aun hoy, considero como mis segundos padres adoptivos literariamente hablando) por haberme dotado de una mente abierta, huyendo de toda radicalización de actitudes.  

Y ya lo creo que esos tres días me vinieron muy bien pues saqué muchas conclusiones que esta noche quiero compartir con todos vosotros.

Algunas personas piensan que nunca se equivocan y que están en posesión de la verdad absoluta. Las llamaré mentes invariables. Y no se dan cuenta de lo errados que están, pues no quieren comprender que ningún conocimiento humano es infalible, sino que, “de tejas para abajo” –como decían los viejos- todo está sometido al posible error.

Claro está que ello no quiere decir que tengamos que ser siempre “del ultimo que llega”, ni tiene por qué restar ni un ápice de firmeza a nuestros convencimientos. Todos hemos de tener muy claros nuestra ideología y modo de pensar, sin ir mas lejos yo creo muy firmemente en mis postulados y los defiendo a veces con pasión y vehemencia; pero siempre he dejado la puerta abierta a la posibilidad (por remota que fuera, pero posibilidad al fin y al cabo) de estar en un error, y he tenido agallas para reconocerlo, incluso públicamente, agradeciendo muy sinceramente a todo aquel que me demuestre que estoy en un error. Claro, ha de demostrármelo. Solo es un pequeño aporte de realismo, que nunca viene mal, en mi humilde opinión.

No somos dioses; somos seres humanos. Pero hay algunas personas que se olvidan de ello, no se si consciente o inconscientemente, y quizás deberían de recordar que hasta los antiguos generales romanos victoriosos llevaban detrás el esclavo que les recordaba continuamente aquello de:

“¡Hominem te esse memento!": "¡Mira tras de ti! Recuerda que solo eres un hombre!"

 

 

Comparte este artículo con tus amigos

.